Primer viaje a Valsalobre
Hace ya unos cuantos años nos disponemos una mañana de invierno ha salir camino de Valsalobre para hacer algunas de las simas allí existentes. La expedición está compuesta por los siguientes miembros (en a aquellos tiempos pertenecientes a
Como siempre que el viaje se hace con un coche propiedad del Sebas no puede dejar de ser un desastre, y en esta ocasión lo fue más que nunca si cabe. Y dicho esto como preámbulo paso a relatar lo que fue aquel viaje:
Salimos desde Valencia camino de Valsalobre con la intención de visitar alguna de sus famosas, simas cosa que por distintas razones como a continuación se verá no pasó de ser una vana quimera
Todo parecía transcurrir con la más completa normalidad hasta llegar a un punto del viaje situado entre Huerta del Marquesado y Valdemeca. De repente la aguja indicadora de la gasolina empieza a descender a toda pastilla. El Sebas para el coche, baja rápidamente, se tiende bajo el chasis y nos comunica que el tubo que conduce la gasolina desde el deposito al carburador se ha seccionado y por tanto el combustible se esta derramando sobre el asfalto. Afortunadamente yo llevo un bolígrafo metálico y con el conseguimos empalmar el tubo y proseguimos el viaje, consiguiendo llegar hasta Tragacete en donde acontece el segundo percance. ¡Machos el coche no anda por que hemos roto el deflector! Aparcamos el coche, tras empujarlo hasta un descampado, nos disponemos a dormir un rato para al día siguiente ver la manera de llegar a Cuenca y proveernos de la pertinente pieza, y poder reemprender la marcha rumbo a nuestro lugar de destino. Se hace de día y tenemos la “suerte“ de encontrarnos con un par de tipos que están de paso y tienen un problema con el seiscientos en que viajan. No les funciona el regulador de la carga de la batería y por tanto deben desplazarse hasta Cuenca para tratar de localizar la pieza en un desguace. Nada mas subir al coche el copiloto saca una bolsa de cuero y de ella una bola de “chocolate” del tamaño de una pelota de frontón, pero vasco. Empiezan a liar porros uno detrás de otro, y a cada uno que encienden nos ofrecen participar del fumeteo. Nosotros declinamos el ofrecimiento, pues nada más del ambiente que se forma dentro del vehículo vamos ya medio “colocados”.
Llegados a Cuenca localizamos un desguace e intentamos comprar las piezas pertinentes, pero no las tienen disponibles. Pasamos por el concesionario de SEAT y conseguimos comprar un deflector nuevo pagándolo al precio que nos piden, que no es nada barato por cierto. Los del seiscientos siguen con su problema ya que no han localizado la pieza que necesitan. Por el camino de regreso encontramos otro seiscientos aparcado junto a la carretera y Sebas les propone a los porreros el apropiarse de la pieza que les es necesaria, estos acogen la idea, se bajan del coche y se apropian de la pieza pertinente substrayéndola del coche ajeno, cosa que no pasa desapercibida para los propietarios del coche damnificado que empiezan a chillar y a agitar los brazos para llamar nuestra atención y que nos demos cuenta de que nos han visto efectuar el hurto, pero nosotros los ignoramos y proseguimos la marcha haciendo caso omiso de sus aspavientos. Llegamos a Tragacete y nos reunimos con el “Roig” el cual ya se ha gastado en cubatas 1000 pelas que le habíamos prestado para que subsistiera hasta nuestro regreso.
Ya todos reunidos nos decidimos a reparar el coche y en ese momento aparecen los dueños del 600 increpándonos por el robo de la pieza que les habían substraído, nosotros nos defendemos alegando que como esta bien claro no hemos intervenido en el robatorio. Aclarada la situación el Sebas se dispone a realizar la reparación y se tiende bajo el coche dejando las gafas en el suelo, el Roig se acerca para ver lo que hace, con tan mala fortuna que pisa las gafas del Sebas destrozándoselas. Después de gritar y decirle al Roig todo lo que al Sebas se le ocurre se concluye la reparación y nos disponemos a continuar viaje. Ya se ha hecho de noche y el Sebas no ve muy bien sin gafas, la carretera es bastante estrecha y carece de rayas que indiquen los márgenes ni el centro de la calzada por lo que el viaje se hace lento y no falto de riesgo.
Llegados a Valsalobre y tras descansar un rato decidimos visitar Mataasnos. Llegados a la boca nos encontramos con que el pozo de entrada está instalado y que desde el fondo alguien nos dice que no entremos hasta que salgan los que están dentro. Nosotros al oír esto suponemos que los de dentro ya han terminado su visita y que por tanto se disponen a salir, pero no. Resulta que terminan de entrar y que tardarán en salir unas 10 horas. Intentamos negociar con ellos el instalar nuestras cuerdas ya que nos prohíben utilizar las suyas, pero se niegan a que efectuemos el cambio. Después de discutir el que hacer y sin hallar una solución que nos convenga a los dos grupos decidimos cambiar de sima y nos dirigimos a
A las 8 de la mañana aparecen los cursillistas y sus monitores que por fin han conseguido desenmerdar al novatillo, pero entonces ya es hora de que nosotros emprendamos el camino de regreso a casa
Desayunamos, nos aseamos un poco, e iniciamos el retorno, no sin sufrir algún que otro contratiempo, como que el Roig, que es quien viene conduciendo, coja la única piedra que hay en la calzada al paso de la carretera por la hoz de Beteta, y reviente una rueda
Sin más incidentes dignos de mención llegamos sanos y salvos a Valencia.